Todos quieren seguir tocando
- autor: José A. Pérez-Robleda
- tendencia: análisis, business by design, observación
- comentarios: Sin comentarios »
6

Si a principios de los 90 nos hubieran preguntado como imaginábamos las computadoras del futuro, la gran mayoría habría hablado de gafas de realidad virtual, guantes con sensores, de reconocimiento de voz, reconocimiento de gestos faciales y de trajes que nos permitieran introducirnos en el mundo de la computadora. Solo unos pocos pioneros habían hablado de que en 20 años pasaríamos de mirar nuestras computadoras a acariciarlas. Sin embargo todo parece indicar que esa será la tendencia a corto plazo.
Ya hace unas semanas hablamos de la tendencia touch. Ahora me gustaría hablar de dos nuevos productos. El magic mause de Apple y los ordenadores Asus Eee Top ET20 y ET22.
El primero es la primera evolución verdadera del ratón en años, no solo se trata de un ratón táctil, sino que es un ratón que reconoce gestos, es un dispositivo que permite que el ordenador reconozca nuestras caricias y actúe de manera acorde con ellas.
La segunda es la serialización de lo que solo podía hacerse ad – hoc. Ya desde hace años podían comprarse dispositivos touch para controlar la computadoras, las cajas registradoras de muchos bares y restaurantes hace tiempo que son táctiles. Pero esta es el primer dispositivo personal que se ofrece con una pantalla táctil de serie como diferencial.
Si todo sigue así tendremos que acostumbrarnos a intimar con nuestros aparatos: nuestra relación con la computadora ya está cambiando, en muy poco tiempo dejaremos de usar el ratón y el teclado y comenzaremos a acariciar nuestras computadoras; pero también con otros muchos aparatos que nos atenderán según nuestra manera de tocarlos. De echo si miramos a nuestro alrededor ya existen muchas cosas que se acarician. Desde botones de ascensores, a controles de cocinas Vitro Cerámicas, la gran diferencia con las computadoras es que además de ser acariciadas ellas si reconocen distintos tipos de caricias. Convirtiendo gestos más o menos naturales en otra manera de indicar a la computadora qué se está esperando de ella. Si trasladamos esto al resto de aparatos que se dejan tocar, puedo imaginarme un mundo donde todos los objetos táctiles reconozcan nuestros gestos. En ese mundo los objetos inanimados dejarán de ser fríos e impasibles para convertirse en objetos con los que establecemos relaciones intimas, objetos a los que hay que acercarse para tratarlos, objetos a los que dedicamos caricias antes solo dedicadas a seres vivos.
Con los datos que tengo no me atrevo a contar como me imagino la relación con las computadoras dentro de 20 años, no me gustaría errar tanto como cunando soñaba con un mis gafas de realidad virtual, pero sin duda puedo decir que el próximo año voy a acariciar mis computadoras y en breve algunos aparatos más.















